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He dedicado las dos primeras semanas del viaje por el Sudeste asiático a recorrer Vietnam de norte a sur. Aunque no me gusta ponerle límites al viaje, esta primera parte ha estado condicionada por un único motivo: el visado. Entré en Vietnam sin visado, con lo cual, solo podía estar dentro del país durante 15 días. Por esta razón he tenido que darme prisa en ciertos momentos, programar más los transportes y no dejarlo todo a la improvisación. A pesar de esto, los días han fluido sin pensar mucho en el mañana y los acontecimientos han ido apareciendo positivamente como si estuviera dentro de una película que ya tiene redactado su guión. Yo, como espectador, y protagonista omnisciente a la vez, podía llegar a intuir la consecución de los hechos pero sin dejar de sorprenderme. No quiero ser spoiler, pero os avanzaré que esta peli tiene un final feliz.
Llegué a Hanoi con un vuelo que hacía escala en Beijin donde pasé un día visitando la gran muralla china y su ciudad. Conocí a una familia madrileña encantadora. Compartimos un día increíble en el gigante asiático, bueno, de hecho fueron unas 17 horas. Por si nunca hacéis una escala larga en Beijin debéis saber que tenéis la posibilidad de obtener un visado gratuito de 72 horas que os permite salir del aeropuerto y poder ir a visitar la ciudad y sus monumentos.

Volviendo a Hanoi, me hospedé un par de noches en un hostel situado en el céntrico Old Quarter. Desde allí conocí la vida de los comercios, las costumbres de sus ciudadanos y su exquisita gastronomia. Por cierto, también os recomiendo acudir al blog del Vietnamita en http://www.elvietnamita.com, ofrecen free walking tours en español, son muy enrollados y puede ser una manera muy divertida de conocer a otros viajeros y probar el Egg coffee (si, eso mismo, café con huevo).
Después de dos noches en el hostel de mochileros decidí que había llegado el momento de abandonar la ciudad y empezar mi camino hacia el sur del país, realmente tuve suficiente y necesitaba escapar de la ciudad. Puse rumbo a Ninh Binh. Allí pude perderme en un entorno rural y lleno de naturaleza, aunque en los últimos años se está explotando más a nivel turístico. Desde aquella zona me pude mover haciendo autostop y en bici. En general la gente era simpática y más abierta que en Hanoi.

Estaba muy a gusto pero el tiempo apretaba, así que me trasladé hacia la zona céntrica del país, con parada en la histórica ciudad de Hue, Da Nang y la turística pero hermosa Hoi An. Durante esos días empezaron a surgir los contactos inesperados con el orfanato Mai Am Tu Tam. Durante mis días en Hoi An pude establecer un acuerdo para encontrarnos, cooperar con ellos y poder visitar el centro cuando llegara a la ciudad de Ho Chi Minh. Antes de seguir viajando hacia el sur fui a pasar un día y una noche en las islas Cham, allí estuve conviviendo con una familia de Barcelona jugando en la playa, haciendo snorkel y compartiendo comidas y anécdotas. Estuvimos en una isla poco habitada muy cerca de Hoi An quedándonos en la casa de una familia de pescadores del lugar, así que pude descansar de zonas masificadas de turistas y volver a disfrutar de parajes naturales y de interacción con gente local.

Siguiendo mi ruta no tuve más remedio que viajar en buses nocturnos para llegar con más tiempo y poder visitar el orfanato. Suelen ser cómodos y no muy caros (no he pagado más de 10 o 12 $ por esos desplazamientos, teniendo en cuenta que son trayectos de más de 8 horas). Mientras viajaba hice una parada de un día y una noche en Nha Trang, una ciudad muy turística repleta de chinos y rusos de la que terminé huyendo hacia el interior dirección a Da Lat.
En Da Lat me reuní con mi amigo Xavi, también profesor, y que me acompañaría en el encuentro con el orfanato. Antes de viajar juntos a la ciudad de Ho Chi Minh pudimos descubrir los entornos naturales de Da Lat en moto y contemplar la ciudad quizás con más influencia colonial del país.

Finalmente, después de otro bus nocturno llegué a la ciudad de Ho Chi Minh donde he pasado mis últimos tres días en Vietnam. Una vez allí me pude reunir con Thuong, una joven emprendedora vietnamita que dedica gran parte de su tiempo a coordinar y cooperar proyectos sociales y educativos como el de Mai Am Tu Tam. Quedamos durante toda una tarde y tomando un café me puso en situación de las necesidades reales del centro y de su desarrollo diario.

Mai Am Tu Tam es un centro de niños y niñas excluidos socialmente y que en la mayoría de casos sufren alguna discapacidad o trastorno del desarrollo. El centro está emparado por una orden cristiana de monjas, aunque la gestión organizativa educativa depende exclusivamente de emprendedoras voluntarias locales como Thuong. Me hizo saber que las condiciones del centro eran bastante precarias y que tenían muchas necesidades para obtener recursos, dependían exclusivamente de donaciones y de la caridad de la Iglesia.
Conversando con Thuong vi que se trataba de un contexto realmente delicado. En cuanto al desarrollo de los niños y niñas dependían del cuidado de personas voluntarias que en la mayoría de casos no poseen conocimientos en atención a la diversidad y eran pasantes de corta estancia. A pesar de que la educación en Vietnam es obligatoria y pública en su mayor abasto, no lo es para todo el mundo. Los más desfavorecidos, como etnias minoritarias, migrantes o personas con discapacidad o exclusión social quedan excluidos del sistema y dependen del núcleo familiar para desarrollarse y mantenerse. Quizás de aquí salga un dato curioso como el puesto que ocupa Vietnam en el ranking de las pruebas PISA. Está en el puesto 21 , sin embargo se estima que solo llegan a terminar la escolaridad obligatoria alrededor del 60%. Podríamos deducir que los que no terminan forman parte de las personas excluidas socialmente.

Acordamos con el centro que la necesidad más urgente que tenían era la de encontrar algún recurso para el desarrollo motor de los niños y niñas. Pues pasan largas horas sin hacer actividad física por la falta de recursos y juegos y muchos de ellos están cogiendo peso y a tener problemas de movilidad. Empezamos a buscar máquinas y juegos en empresas locales en la misma ciudad como camas elasticas, balancines, etc.. Finalmente encontramos una máquina multifuncional para realizar ejercicios físicos. Thuong consideró que sería ideal para el centro y serviría para casi todas las edades. La máquina costaba 6 millones de VND pero al tratarse de una máquina específica tardarían unos días en enviarla al centro. Le dije que yo podría colaborar con 5 millones de VND en la compra (unos 192 euros) con las donaciones que tenía de la campaña en gofundme.

Realizamos la compra por teléfono y nos hicieron una factura. Al día siguiente fui a visitar el orfanato. El lugar estaba un poco lejos de la ciudad así que la familia del hostel donde estábamos se solidarizó con la causa y nos prestó una moto todo el día para poder llegar. Una vez allí pudimos compartir la mañana con los niños y niñas y observar toda su realidad. Había 4 voluntarias que cuidaban de ellos. Compartimos estrategias e impresiones para abordar su desarrollo. Me sentí algo impotente al ver su realidad, realmente cruda y descuidada. A pesar de esto todos se alegraron y nos recibieron con una gran sonrisa y afecto. En pocos días llegará la máquina al orfanato que seguro ayudará (aunque sea un poquito) a empoderar el proyecto y a la gran labor que hacen personas como Thuong. En este enlace podéis consultar el proyecto: http://Csbtxhmaiamtutam.business.si

Esa misma tarde puse rumbo a Camboya donde seguiré mi itinerario conociendo este nuevo país y visitando próximamente un nuevo proyecto educativo.