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Cuando empiezas a explicar un viaje que has hecho en fechas navideñas la gente te pregunta por árboles de navidad, Santa Claus, regalos, nieve y reuniones familiares. Voy a hacer un pequeño spoiler en estas primeras líneas para decir que en este viaje no hay nada de esto, o por lo menos nada dentro de los tópicos esperados.

Al llegar diciembre y después de haber dedicado el trimestre a mis tareas docentes en Catalunya, ya empezaba a echar de menos recorrer los trópicos con mi mochila en la espalda. La idea de seguir conociendo proyectos educativos internacionales y poder experimentar intercambios culturales seguía en mi mente, aunque compaginarlo con mi día a día en la escuela no era nada fácil. 

Repasando unas fotos de la última vez que estuve en África, visitando Túnez, tuve el presentimiento de cruzar el Mediterráneo para conocer algo grandioso, algo que llevaré en mi memoria para siempre. Mis ojos levantaron la mirada y se fijaron en el gran mapa que tengo en mi habitación. Se clavaron justamente en el Estrecho de Gibraltar y fueron resiguiendo el contorno de Marruecos. ¡Algo me decía que aquel debía ser mi próximo destino!

Empecé a investigar datos sobre el país y también pequeños proyectos educativos, que me permitieran conocer un contexto local, auténtico. Pude comprobar la oferta de varias ONG’s que ofrecían la opción de hacer tareas de voluntariado pagando una cuota. No me convencían del todo. Parecía todo un montaje turístico a la carta a costa de dar caridad. No. Mi idea era encontrar un intercambio cultural más real y horizontal. Una propuesta donde poder conocer y aprender de personas autóctonas con ganas de mezclarse, abrir sus puertas y compartir formas de vida sin más, y a partir de allí poder establecer intercambios solidarios. 

Después de investigar y conversar con distintas amistades con experiencias en Marruecos, conocí la Asociación Taous (ASOT). Se trata de una agrupación sin ánimo de lucro formada por jóvenes emprendedores de Boudenib. Esta localidad está situada cerca de la frontera con Argelia, en la provincia de Errachidia, dentro de la región de Tafilalet. Después de hablar con varias personas finalmente pude establecer contacto con Driss, el encargado principal de la asociación. Muy amablemente me presentó un poco la realidad de la asociación y me sorprendió que, sin ni siquiera conocernos, me invitara a conocer su pueblo, su gente, su casa, su familia, a pesar de tener bastantes voluntarios en el pueblo por aquellas fechas. Mi primera impresión fue de fascinación. ¡Qué hospitalidad y cercanía! (iré desvelando cómo fue el encuentro y en qué consiste este maravilloso proyecto a medida que avance la crónica).

Tánger

Sin concretar del todo que días pasaría por Boudenib, reservé un vuelo para volar hasta Tánger el 23 de diciembre. Si, seguramente diréis, ¿Por qué Tánger, si está a más de 700km de Boudenib? Básicamente porque mi idea era recorrer con mi mochila estos más de 700km para descubrir qué parajes se hallaban de noroeste a sudeste del país partiendo desde la ciudad más norteña, cruzando la cordillera del Atlas hasta llegar a la entrada del Sáhara.

Tánger fue mi punto de entrada y salida de los 13 días que estuve en Marruecos. Personalmente no me pareció una ciudad espectacular, turísticamente hablando. Sin embargo contemplaba el mar e inevitablemente pensaba una y otra vez: “Cómo llega a cambiar el mundo en tan pocos kilómetros”, concretamente 14,4 km (que es lo que mide la parte más angosta del Estrecho de Gibraltar). 

Vistas del Estrecho de Gibraltar desde la medina de Tánger

Vistas del Estrecho de Gibraltar desde la medina de Tánger

Cuando llegas a Marruecos, el choque cultural y social es el primer estímulo que te hará reflexionar, y eso que Tánger quizás es de las ciudades más cosmopolitas del país. Durante toda su historia, por su localización geográfica, esta ciudad ha sido un punto estratégico para el dominio del comercio entre el continente africano y el europeo. 

Tan solo pasé un par de días en la ciudad. ¿Actividades para hacer allí? Realmente no muchas: Conocer la medina, descubrir la Kasbah, tomar un té de menta delante del mar en el mítico Café Hafa y comprar algún souvenir y productos autóctonos en el mercado. Si viajas a Tánger no tendrás muchos problemas en encontrar alojamiento, hay mucha oferta, pero asegurate antes de saber dónde te alojas. Antes de volver a Barcelona estuve en el The Riad Hostel Tangier, un albergue para mochileros muy recomendable.

Chefchaouen

Al segundo día investigué cómo desplazarme por carretera hacia el interior. Descubrí que la infraestructura ferroviaria solamente conecta las grandes ciudades del país: Tánger, Casablanca, Rabat (que se localizan en el litoral atlántico) hasta llegar a Marrakech. Para desplazarse hacia la cordillera del Atlas o las provincias del sudeste tenía 3 opciones: ir en transporte privado, en taxi privado o en autobús con la compañía CTM. Habría una cuarta opción mucho más arriesgada pero que durante este viaje no utilicé: hacer autoestop. Me decanté por la opción de viajar en bus. Esta opción tiene muchas ventajas si viajas de mochilero por tu cuenta: es la opción más económica, evitas problemas de control policial si vas con tu propio transporte y te permite conocer el transporte local.

Cheffchaouen

Vistas de la población de Chefchaouen rodeada de montañas del Rif

La segunda parada era la población de Chaouen (Chefchaouen), conocida por el encanto de sus calles azules y sus espectaculares vistas de las montañas del Rif.  Esta población está a unos 120 km de Tánger que son unas 3 horas de trayecto en bus y cuesta entre 3 y 6 €.

Chefchaouen

Entrada del zoco en lo alto de la medina de Chefchaouen

Viajando con mi amigo Siscu coincidimos en que estábamos contemplando el lugar más bello de nuestros primeros días en Marruecos, así que decidimos quedarnos 2 noches. Chefchaouen no es muy grande, tiene alrededor de 43.000 habitantes, la extensión justa para poder visitar a pie la exótica medina azul y subir hasta el zoco para contemplar sus vistas. La amabilidad de la gente es mucho más visible que en la ciudad. Es un lugar tranquilo donde el visitante prioriza el descanso, así que aproveché para empezar a investigar y recoger datos sobre el sistema educativo marroquí. 

Sistema educativo de Marruecos

A través de fuentes del Ministerio de Educación Nacional de Marruecos y del Ministerio de Educación y Formación Profesional de España pude hacerme un poco más a la idea de cómo se desarrolla la educación en Marruecos, pero obviamente, obteniendo una visión muy general. El 95% de la educación obligatoria es pública (gratuita) y el 5% restante es privado o derivado de misiones extranjeras (la francesa es la más extendida).

El sistema educativo es muy parecido al francés y con similitudes en etapas del sistema educativo español. En el 2016 las mismas fuentes, a través de datos de la UNESCO, daban los siguientes indicadores educativos:

Esta información me ayudaba a interpretar, en cierta forma, cómo era el desarrollo educativo del país. En general la escolarización en la educación obligatoria (primaria y secundaria) se encuentra en una media de más del 90%. Por lo contrario, la no obligatoria baja considerablemente. En etapa preescolar están por debajo del 50% y en bachillerato hay dos tercios de escolarización. Alrededor de un tercio de chicos y chicas acceden a estudios superiores,  pero muy pronto descubriría las desigualdades que se escondían tras estos datos en las zonas más vulnerables del país.

Fez

Después de dos noches en Chefchaouen decidimos poner rumbo a la ciudad y conocer otra perspectiva del norte de Marruecos. Esta vez íbamos a pasar por Fez, la tercera ciudad más grande de Marruecos. Desde Chefchaouen hay unos 196 km hasta llegar a la ciudad, esto suelen ser entre 4 y 5 horas de trayecto en autobús atravesando la cordillera del Rif, aunque debido al estado de las carreteras, nosotros tardamos un poco más. El precio a través de la compañía CTM está entre los 6 y los 9 €. Una buena estrategia para hacer el cálculo rápido de intercambio de moneda es recordar que 1 € equivale a unos 10 DHM.

Si viajas a Fez, cuando te adentras por la medina de la ciudad, tienes la sensación de estar viajando en el tiempo. Esta fue nuestra primera impresión al llegar.

Famosa puerta de entrada a la medina de Fez Bab Bou Jeloud

Es considerada la capital del islam en Marruecos y un centro histórico y cultural muy importante, con lo que no debes perder la oportunidad de visitar rincones de la medina (Fez el Bali) que te harán viajar a tiempos pasados. Rápidamente te darás cuenta de la importancia al culto religioso con las cinco llamadas a la oración desde los altavoces a un volumen considerable colocados en las mezquitas. 

¿Cuántos días puedes pasar en Fez? Realmente si estás de paso y viajas recorriendo varios rincones de Marruecos, con 2 o 3 días tendrás más que suficiente para ver lo más interesante: museos, madrasas, terrazas con vistas para tomar un té y si investigas bien, hasta puedes encontrar algún buen restaurante con vino marroquí, ¡Si, vino de Marruecos! Algo inédito que encontramos en un restaurante muy particular de la medina. Por cierto, tienen denominaciones de origen realmente buenas. 

                 

Como estábamos de paso y veníamos de una zona muy tranquila y alejada de la ciudad, con el bullicio de gente, transportes y turistas, dos días de parada nos pareció el tiempo suficiente para seguir nuestra travesía mochilera hacia el sudeste del país con destino Boudenib.

De esta manera seguimos nuestra ruta hacia Errachidia. Aprovechamos un bus que hacía un trayecto nocturno, ya que de Fez a Errachidia hay 420 km y es un viaje de unas 7 horas. Este pasaje nos costó 12 € y nos dejó a primera hora de la mañana a nuestro siguiente destino. Una vez allí tuvimos que esperar un autobús local para que nos llevara hasta el fronterizo pueblo de Boudenib. Aún medio desorientados del viaje nocturno en autobús, nos pareció haber llegado a un lugar completamente distinto a todo lo que habíamos visto hasta el momento. Sabíamos que desde entonces todo iba a cambiar.

Boudenib: Asociación Taous (ASOT)

Amaneciendo, recuerdo un frío que me helaba los huesos. Pudimos entrar en la única cafetería que vimos abierta para tomar un café caliente. Sorprendentemente, al salir del establecimiento, la temperatura había subido. Las calles de tierra empezaban a estar iluminadas por un sol imperial. A medida que avanzaba la mañana iba subiendo la temperatura, un contraste de clima de interior al que los mediterráneos del litoral no estamos acostumbrados. 

         

Durante la mañana contacté con Driss para avisarle de nuestra llegada. Mi intención era quedarnos en un pequeño camping a las afueras del pueblo, pero Driss insistió en hacernos un hueco en su casa para acogernos. Después de 700 km recorriendo el país desde Tánger, al fin nos conoceríamos. Llegó Driss, acompañado de algunos voluntarios españoles que pasaban estos días de vacaciones de navidad en el pueblo colaborando con la asociación. Al vernos en persona tuve la intuición de que todo el recorrido había merecido la pena y que la aventura no había hecho nada más que empezar.

Foto de familia con el equipo de voluntarios y los chicos de la asociación

Tardé un buen rato en situarme, contextualizar el lugar que estaba pisando era importante para poder interpretar todo lo que iría descubriendo. Así que desde el primer minuto no perdí detalle de todo lo que me rodeaba: personas, calles, aromas, locales, clima, colores, costumbres… Rápidamente empecé a sacar mis propias conclusiones. Boudenib era un pueblo de gente hospitalaria y humilde, pero ante todo, alegre. Mis ojos también podían corroborar que estaba en una zona con muchos menos recursos que otros lugares que había observado durante la ruta. La región de Tafilalet es una de las más pobres y menos desarrolladas de Marruecos. No necesitaría muchos días para comprobar que los indicadores educativos publicados por la UNESCO esconden grandes desigualdades según la región.

El mismo día por la tarde, Driss nos invitó a conocer una escuela de preescolar con la que colabora la asociación, pero antes fuimos a una casa de una familia del pueblo donde se alojaban parte de los voluntarios. Allí nos reuníamos a diario para comer y encontrarnos todos juntos. Además, ¡Tuve la oportunidad de provar el mejor tajín del mundo mundial! Nos unimos al grupo y vimos como aquello era una gran familia, un grupo de personas maravillosas, totalmente diferentes entre ellas y en un mismo lugar para compartir una experiencia de cooperación única durante los días de Navidad y fin de año. 

Por la tarde fuimos a visitar la escuela. Durante el camino a pie por las calles sin asfaltar de Boudenib pude conocer a Issam, Younes y Mustapha, tres de los chicos del pueblo que se encargan de acompañar a los voluntarios que vienen a cooperar con la asociación y hacen de traductores con la comunidad. Estuve charlando con ellos para conocer su funcionamiento. Básicamente me explicaron que ofrecen sus casas y su tiempo a voluntarios con el fin de ofrecer un intercambio cultural a la vez que se desarrollan tres tipos de proyectos para favorecer la educación de los niños y niñas de la población.

     

Estos tres proyectos son: 

  • Preparación y realización de actividades extraescolares para que los niños y niñas no estén todo el tiempo en la calle sin hacer nada cuando no tienen colegio. 
  • Colaborar con el plan de enseñanza de idiomas: principalmente francés, inglés y español.
  • Ayudar en el mantenimiento de las escuelas sea decorando o arreglando desperfectos.

Puedes conocer más acerca de todo el proyecto en su página web: http://asociaciontaous.org/

Tuve la oportunidad de preparar y realizar algunas actividades y juegos con los voluntarios y jugar con los niños y niñas durante esos días. Realmente fueron momentos mágicos, donde aprendí muchísimas cosas a través de ellos y que me hicieron reflexionar en cada minuto sobre la perspectiva educativa en el pueblo.

Por otro lado quise conocer más de cerca el funcionamiento de la escuela preescolar donde nos encontrábamos cada día. Era el punto de encuentro del pueblo donde los niños y niñas de diferentes edades acudían por sí solos a jugar, sabiendo que des de la asociación se preparaban juegos y actividades. Conocí el director de la escuela y conversé con él “como pude” con un francés muy limitado por mi parte y con la ayuda de traducción. Me mostró las aulas y el funcionamiento. La inversión en educación en la zona era muy escasa y tenían mucha falta de materiales básicos para el aprendizaje.

Una de las mañanas que estuve en la escuela me enseñaron sus rutinas de funcionamiento:

 

Cuanto más tiempo pasaba en el pueblo más consciencia iba tomando de las necesidades educativas reales que buscaba cubrir la asociación. Finalmente surgió la idea de montar una pequeña biblioteca infantil con libros en inglés, francés y español y algunos materiales educativos para empoderar la escuela de preescolar. Este proyecto está previsto ponerlo en marcha en un futuro (esperemos que no muy lejano), cuando la crisis del COVID-19 levante de nuevo las fronteras.

   

Pasé los días en casa de Driss, prácticamente como uno más de la familia, los atardeceres tomando el té y compartiendo impresiones o haciendo excursiones por los alrededores del pueblo. Terminé mi experiencia en Boudenib en fin de año, donde los chicos de la asociación prepararon una excursión al desierto de Merzouga. Fue una aventura inolvidable cambiar de año durmiendo en el desierto bajo un cielo iluminado literalmente por la Via Láctea y compartirlo con un grupo de personas tan especial.

Regresé por año nuevo hasta Tánger en un taxi compartido entre cuatro. Un taxista del pueblo nos llevo a un precio acordado. Fue un viaje de más de 10 horas bastante duro recorriendio al revés los 700 km que hice al principio del viaje. Al cabo de dos días tomé un avión de vuelta a Barcelona. Así terminaron mis días en Marruecos, muy agradecido llevándome un poquito de la familia de la Asociación Taous conmigo y un gran aprendizaje de vida.

Solo me queda decir: “¡Shukraan y hasta pronto familia!”