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¿Cómo te sentirías si vivieras en el país más bombardeado de la historia? Esta pregunta se me pasaba por la cabeza mientras me dirigía hacia la frontera entre Camboya y el sur de Laos, pensando cómo sería y habría sido la vida de su gente. Estaba a punto de entrar en un país que ha sido bombardeado 8 veces por minuto entre 1964 y 1973, en otras palabras, las aeronaves estadounidenses lanzaron unos 260 millones de bombas en toda la superficie del país durante la guerra de Vietnam. Una auténtica pesadilla, estarás pensando, inimaginable para ninguna de nuestras mentes pero tristemente real. Sin embargo, no estoy escribiendo esto para explicar pesadillas, aunque el contexto histórico de Laos es trascendental para entender su presente, sino para hablar de sueños bonitos, como los tuyos, como los míos, sueños de jóvenes que se pueden llegar a cumplir si se insiste en la causa. Déjame que te lo explique desde el principio.

Como ya he dicho, entré a Laos por el sur del país dirigiéndome a Don Det, hacia las 4000 islas. Antes de llegar, tuve que tener un poco de paciencia para cruzar la frontera. El trámite es un poco lento y hay que tener un poco de paciencia. El visado para un mes tiene un coste de 35$ y, de modo sospechosamente “extraoficial”, los funcionarios te hacen pagar algo más por gastos de gestión. Si te encuentras allí, no desesperes, todo este trámite empieza a valer la pena al cruzar la frontera, porque todo lo que entrará por tu vista será maravilloso: paisajes campestres, hombres y mujeres que te reciben con una sonrisa y niños saludando simpáticamente al grito de ”¡sabaidee! ” (“¡hola!”).

Mi primer contacto con Laos fue casi un amor a primera vista dentro de una burbuja bucólica, así que me quedé 3 días en Don Det, una de muchas islas (sinceramente no se realmente si son 4000) en medio del Mekong. Allí, a parte de poder descansar en un lugar tranquilo, ver delfines de río y hacer un poco de kayak por el Mekong, me pude reunir con dos viajeros que están desarrollando proyectos realmente espectaculares. El primero se llama Tijmen Sissing, un joven holandés que lleva 2 años viajando. Nos conocimos en la frontera de Laos y compartimos un par de noches en Don Det. Entre fruitshakes tropicales (que fueron mi desperdicio allí), me desveló su historia y su proyecto: Trashpackers que se hizo viral en casi todo el mundo en un abrir y cerrar de ojos. Realmente merece la pena echarle un vistazo y conocer su causa para combatir la polución del plástico. Probablemente, cuando lo veas recordarás haber visto alguna vez en redes sociales un reto viral que consiste en limpiar playas y lugares naturales de plástico y basura.

El segundo viajero responsable con quien me reuní fue Joel, un joven catalán que lleva 6 meses viajando por el Sudeste asiático bajo el nombre: Mochilero Solidario haciendo un trabajo de cooperación realmente increíble. Ya llevábamos tiempo conversando y siguiendo nuestros proyectos pero aún no nos conocíamos en persona. Joel visitó unos días antes el proyecto House of dreams de Luang Prabang, justamente el proyecto que tenía en mente visitar en Laos. Me echó una mano compartiendo información de su visita y pudimos compartir experiencias de viaje. Allí pude empezar a pensar de qué manera podía cooperar en aquel proyecto que sonaba tan bien.

Al contrario que en Vietnam, mi ruta en Laos sería de sur a norte y debía recorrer unos 1200 km antes de llegar a Luang Prabang. Me lo tomé con calma y decidí que seguiría viajando como hasta el momento, fluyendo, descubriendo cada lugar, cada persona, cada instante y cada oportunidad de aprender pero sin olvidar mi objetivo final, llegar al proyecto de House of dreams.
El sur de Laos me pareció la zona menos turística del Sudeste asiático, quizás influya que sea temporada baja, así que me encontré con habitaciones para mochileros casi vacías y parajes naturales despejados de turistas. Personalmente, y ahí lo dejo, creo que el sur de Laos es un diamante en bruto en esta época (no lo digas muy alto y ¡aprovecha!).

Si viajas a Laos desde Camboya o Vietnam descubrirás que los precios son ligeramente más altos, pero ¡atención! Los conductores usan intermitentes, el claxon prácticamente no se oye y ¡se respetan los semáforos! Entre otras cosas esto hace que ir en moto sea un auténtico placer: por las calles, por el bosque, por los caminos y por los campos. Si te gusta descubrir parajes naturales como cascadas y cuevas en medio de la selva encima de una moto, Laos es tu país, pues hay de los mejores recorridos del Sudeste asiático. El de Thackeck puede que sea el más famoso, pero tienes loops increíbles para hacer en Pakse y Vang Vieng. Yo solamente hice los dos últimos y aun sueño con ello.

A medida que iba subiendo por las poblaciones, sobretodo en zonas rurales, me fascinaba como en Laos la gente me saludaba con una sonrisa, alegrándose medio sorprendida de ver un tipo extranjero con barba y pelo largo. Gestos humanos que, en mayor parte, hecho de menos en Europa. Me pareció estar conociendo una sociedad con unos valores que empezaba a echar en falta desde que comencé en Vietnam: orden colectivo y respeto al entorno. Si, fui descubriendo ciudades menos ruidosas, mucho más limpias y con recipientes para la basura en las calles a medida que avanzaba con el viaje.

Tuve que hacer muchas horas de carretera, normalmente en buses locales. Solamente hice autostop una vez, priorizando el tiempo de llegada en cada lugar. Desde que salí de Don Det fui parando en Pakse, Thackeck, Vientiane (la capital) y Vang Vieng, como puntos de referencia, hasta terminar en Luang Prabang, la ciudad más turística de Laos. Durante los trayectos observaba hectáreas de arrozales verdes y de selva vírgen donde aún yacen unos 80 millones de explosivos esparcidos sin detonar. Observando las zonas rurales y regresando una vez más a la pregunta del principio, sentía la necesidad de documentarme y conocer bien toda la situación rural, educativa y la historia de los bombardeos. En la parte de escolarización fui descubriendo como realmente el abandono escolar en la etapa de educación secundaria ascendía mucho. Se estima que solo la terminan aproximadamente un 30% de los estudiantes. Esto se debe sobretodo a la gran concentración que hay en el trabajo en el campo y la falta de oportunidades para seguir con los estudios. En 1996 el mismo estado declaró la escuela pública, obligatoria y gratuita, pero solamente la educación primaria. La educación secundaria consta de 4 años y finalmente hay una segunda etapa que es de preparación para la universidad y que dura 3 años.

Si viajas a Luang Prabang y quieres desviarte del típico recorrido turístico por un momento porque tienes la misma inquietud de conocer la realidad rural y de los bombardeos sufridos, te recomiendo que visites UXO Laos. UXO (unexploded ordinances o literalmente munición no explotada) es el material bélico que no llegó a detonar nunca. Se calcula que son un 30% del total que aún se encuentran en la superficie de Laos. UXO Laos es una organización que trabaja para limpiar el territorio de la contaminación que producen y del riesgo que supone para las personas, pues más de 70.000 han muerto por la explosión tardía de esta munición. En Luang Prabang tienen una pequeña exposición donde podrás conocer a fondo toda la situación. La entrada es gratuita, pero puedes donar la voluntad para el coste de los trabajos de limpieza de munición no detonada.

Siguiendo en Luang Prabang volví a contactar con Ken, el impulsor del proyecto House of dreams, después de haber conversado con él por correo electrónico. Muy amablemente se ofreció a venir al hostel donde me alojé juntamente con Xavi, mi amigo y compañero de viaje, el mismo día en que llegamos. Cuando nos encontramos nos pudimos presentar en persona y charlar sobre el proyecto y sus necesidades actuales. Para que te hagas una idea, Ken es un joven humilde y emprendedor que creció en una zona rural. Toda su familia se dedicaba a trabajar en el campo, a pesar de que no le disgustaba del todo la vida rural, él tenía un sueño: prosperar con sus estudios. Para ir al colegio, Ken tenía que madrugar mucho y hacer largos kilómetros en bicicleta. Actualmente sigue siendo la realidad de muchos jóvenes que viven alejados de la ciudad y que quieren seguir estudiando para ir a la universidad. Finalmente, para seguir estudiando, Ken tuvo que mudarse. Más tarde, ingresaría en un monasterio de monjes durante 3 años. Los niños y jóvenes que ingresan para formarse espiritualmente reciben educación gratuita y formación budista. Esta formación le marcó mucho su personalidad y acogió el mantra en sí mismo de “dar a los demás”. Después de aquella experiencia se graduó en la universidad y decidió levantar “la casa de los sueños” para proveer alojamiento y ofrecer la oportunidad de seguir con los estudios superiores a aquellos jóvenes que viven alejados en zonas rurales o tienen situaciones muy precarias. Actualmente House of dreams acoge a 8 jóvenes que han sido seleccionados previamente por sus condiciones, 3 que van al instituto: Chan, Dave y Boy; y 5 que van a la universidad o que recientemente se están graduando: Nee, Neenoi, Larnoy, Phet y Aiy.

 

Al día siguiente, conociendo la historia de Ken y la situación del proyecto, cogimos las motos con Xavi y nos fuimos a visitar la casa. Ken nos enseñó una por una cada parte de la casa. Se trata de una casa pequeña, de una sola planta con 3 habitaciones, un baño y una cocina. La casa está adornada por viajeros solidarios que han querido aportar parte de su tiempo de viaje a contribuir en empoderar el proyecto. También han dejado su granito de arena con la aportación de distintos materiales: mesas, sillas, material escolar, ¡hasta una nevera! Visto esto, Ken nos dijo que tenían bastante material y que ahora mismo no era la necesidad más urgente que tenían. Realmente lo que le preocupa actualmente a Ken, por una parte es poder pagar el alquiler de la casa, pues hasta ahora cubría este gasto una fundación extranjera, pero en 2020 se agota el contrato que tienen. Por otra parte es cubrir las cuotas de matrícula de los estudiantes que tienen más dificultades económicas.

Viendo las necesidades reales en el proyecto llegamos a un acuerdo para cubrir los gastos de las dos chicas y el chico que están en secundaria, Chan, Dave y Boy. Cada matrícula anual en el instituto tiene un coste de 230,000 KIPS esto son unos 26€ que multiplicado por 3 salió por 690,000 KIPS (78€). Pude hacer esta inversión con el dinero de la campaña en gofundme. Como ahora son vacaciones escolares en Laos, la mayoría de los jóvenes se encuentran con sus familias, en la casa solo se encontraba Chan de 16 años. Me comentó que le gustaría estudiar educación en la universidad para ser maestra y poder ofrecer oportunidades como la que ella se ha encontrado. Realmente vi mucha influencia positiva en su testimonio.

 

 

 

Para cubrir los gastos del alquiler nos pusimos a investigar y a empezar el diseño de una campaña de crowfunding para recoger fondos. Por otra parte salió la idea de ofrecer intercambios culturales con estudiantes de universidad del extranjero i experiencias locales para turistas, como visitar las granjas, ir a pescar o enseñar a recoger la cosecha por un precio cerrado a modo de paquete turístico donde se pudieran destinar parte de los beneficios a sostener la casa.

“Te seguiré ayudando en el desarrollo de ideas y recursos para la auto sostenibilidad de la casa desde la distancia”, le dije al despedirnos. Y Ken sonriente y agradecido, me contestó: “Seguro, pero aquí te esperaré el año que viene, que abriré mi restaurante vegetariano con productos de mi cosecha”. Definitivamente, Ken es un emprendedor innato e insaciable en ayudar a los demás. Gracias a su entrega y entusiasmo ayuda a cumplir sueños en una tierra con demasiadas barreras y bombardeada por la estupidez humana.

Al día siguiente del encuentro puse rumbo a Tailandia, donde me esperaba una travesía de dos días en barco por el Mekong, con el objetivo de seguir reportando y contribuyendo a alzar proyectos locales tan auténticos y positivos como House of dreams.